Nástic Tarragona 2-1 Córdoba
El Córdoba está en una situación
delicada, con sólo un punto de ventaja sobre la zona de descenso, por
(de)méritos propios. Los errores acumulados, en la planificación y en los
partidos, desde casi el mismo arranque de la temporada han empujado hacia el
abismo a un equipo que desde hace tiempo es consciente de que tendrá que sudar
sangre para lograr la permanencia. Y así será porque, llegado este punto, a los
rivales deportivos se suelen sumar otros elementos que dificultan aún más la
carrera hacia el éxito. Los hay propios y, por tanto corregibles -si se quiere-,
como saber templar los nervios, mejorar la puntería, afianzar conceptos
defensivos, confeccionar alineaciones... Y los hay ajenos, ante los que es
mucho más difícil presentar batalla, como la suerte o los arbitrajes. Ayer en
Tarragona se juntó un poco de todo y el resultado, como en las cuatro salidas
anteriores, fue una derrota que deja a los blanquiverdes marcando el límite de
la salvación, con apenas un punto de ventaja con el peligro y dos con el
colista.
En el Nou Estadi, una final más ante un
rival directísimo, el Córdoba tuvo que hacer frente a uno de esos arbitrajes
calamitosos que de vez en cuando entran en escena. No fue sibilino, de esos que
te machacan con faltitas y decisiones no decisivas que, sin embargo, sí van
mermando la confianza del fútbolista. En esta ocasión, el valenciano Ais Reig,
ya reincidente esta campaña por un tinte casero que lo mandará de vuelta a
Segunda B en verano, fue descarado desde el principio. Agarrando por la solapa
el reglamento, el colegiado dejó en amarilla una tarjeta naranja a Emaná que
mandó a Héctor Rodas al vestuario a los 8 minutos, un camino que el camerunés
debió coger como tarde en el 72' por una nueva infracción punible sobre Rodri
que el árbitro le perdonó. Como también hizo con otra segunda amarilla a
Cordero ya en el 90', permitiendo el acoso final en superioridad de un Nàstic
que disfrutó de esa ventaja por una roja directa a Pedro Ríos al cuarto de
hora. Era expulsión porque, como recogió el acta, el balón no estaba en juego,
como sí en las de los jugadores granas. Y ahí se suman ya los errores propios
que condenaron a los blanquiverdes a la derrota, pues esa acción absurda llegó
con el marcador encarrilado por el gol de Rodri y de ella nació el empate con
la inestimable
En ese momento empezó a jugarse un
partido totalmente diferente al del primer cuarto de hora, cuando ambos
conjuntos salieron dispuestos a hacerse fuertes atrás bajo sistemas calcados.
Carrión, que ya había modificado el once por las bajas forzosas de Cisma y Juli
dando entrada a Luso y Alfaro para no tocar nada, tuvo que reubicar a Edu Ramos
como libre tras perder a Rodas y, casi sin tiempo para ver cómo afectaba la
variación al equipo, se encontró con el 0-1. El inicio era perfecto para los
intereses cordobesistas, pero empezó a torcerse muy pronto. La infantil
expulsión de Ríos y el empate inmediato obligaron a una reinvención sobre el
plan inicial del que, curiosamente, el Córdoba salió bastante airoso.
Con un 4-4-1, el cuadro visitante se
defendió bien, mitad por su orden y mitad por la falta de ideas y la lentitud
en la transición de un enemigo que, como era de esperar, también guardó su
guion de cinco zagueros. El choque se jugaba en medio campo, pero las áreas
eran casi un coto privado, pese a que los guardianes blanquiverdes eran dos
pivotes reconvertidos que demuestran la planificación errónea de este curso.
Apenas un envío directo de Madinda que Emaná mandó fuera fue el balance
ofensiva grana antes de un descanso al que el CCF llegó avisando con un disparo
lejano de Alfaro, una internada de Bíttolo y un cabezazo alto de Luso a la
salida de un córner. Más no se podía pedir para cómo se había puesto el
encuentro.
A Merino no le gustó un pelo lo que vio
y ajustó piezas en el intermedio, colocando una referencia ofensiva como Álex
López y prescindiendo de Iago Bouzón para dibujar de manera más precisa a su
equipo. Pero el primer susto llegó con una contra de Rodri a la que le faltó
finalización, pues el soriano se dejó caer ante la llegada de Perone. La
respuesta local llegó con un pase interior de Jean Luc y la continuidad de
Emaná, que se topó con Razak. El partido ya hacía tiempo que era eso: dominio y
acoso local, y defensa a muerte y contra visitante. Incluso con el carrusel de
cambios, el ganador a los puntos siguió siendo un Córdoba que estaba hasta
cómodo con el rumbo que había tomado la cita.
Ni siquiera un cabezazo alto de Álex
López o la lesión muscular de Caballero intimidaron a los blanquiverdes.
Tampoco el colegiado cuando perdonó la segunda amarilla a Emaná, en una acción
en la que Javi Lara probó a Reina, asustado por Aguza poco después. El partido
caminaba hacia el empate, tras dos nuevos intentos vanos de Juan Delgado y Jean
Luc. Pero entonces una vez más se conjuntaron los errores propios y los
elementos externos para perpetrar un final cruel: un balón largo mal defendido
hasta por dos veces propició el 2-1 ya en el alargue del alargue. El Córdoba perdió
el punto que había defendido con uñas y dientes y ante todo y todos de la misma
manera que ganó los tres una semana antes. Sólo es un capítulo más del sufrido
camino que espera hasta alcanzar la ansiada permanencia. (EL DIA DE CORDOBA)
Nàstic.- Reina; Lobato, Suzuki, Perone,
Bouzón (Jean Luc, 46'), Mossa; Tejera, Corder, Madinda (Álex López, 46');
Delgado y Emaná (Barreiro, 75').
Córdoba.- Razak; Pedro Ríos, Héctor Rodas
(Caballero, 8') (Esteve, 70'), Caro, Luso, Víttolo; Edu Ramos, Aguza, Javi Lara,
Alfaro (Bergdich, 85'); y Rodri.
Árbitro.- Ais Reig (comité valenciano). Mostró
cartulina amarilla a Emaná, Bouzón, Cordero y Álex López, por parte local, y a
Caballero y Razak, por parte visitante. Expulsó a Pedro Ríos con roja directa
(15').
Goles.- 0-1 M. 9 Rodri. 1-1 M. 17 Perone.
2-1 M. 95 Manu Barreiro.
Incidencias.- Partido correspondiente a la jornada
28 de la Liga 1|2|3, disputado en el Nou Estadi ante 9.121 espectadores.
Derrota
cruel, inmerecida y totalmente injusta. El mediapunta onubense, Ale Alfaro, jugó, por fin, de titular,
y realizó un gran trabajo defensivo, teniendo cuenta que a los quince minutos
se quedaron con un jugador menos, y siempre que pudo se sumó al ataque, incluso
un disparo suyo estuvo a punto de sorprender al portero rival.